La silenciosa enfermedad que está por toda Latinoamérica

La silenciosa enfermedad que está por toda Latinoamérica

Existe un virus microscópico que afectará a ocho de cada diez mujeres mexicanas en algún momento de su vida. Endémico en toda América Latina, el Virus del Papiloma Humano (VPH) es la enfermedad venérea más común en nuestro país.

Hasta la fecha se han identificado más de 100 tipos de VPH, 40 de ellos relacionados con el tracto genital. Éstos se dividen en tipos de bajo y alto riesgo, dependiendo de las probabilidades que tienen de desarrollar algún tipo de cáncer en el portador, ya sea cervicouterino, de ano, vulva, vagina, pene u orofaringe.

La edad de inicio de la vida sexual, el número de parejas sexuales, un sistema inmunológico débil, tener otras enfermedades de transmisión sexual, así como el uso prolongado de anticonceptivos orales y el tabaquismo son factores que pueden, junto al VPH, influir en el desarrollo de cáncer.

Algunas cepas de este virus pueden ocasionar verrugas, pero  la mayoría son completamente asintomáticas y sólo pueden detectarse a través del papanicolau en las mujeres. En los hombres, sin embargo, no hay manera de realizar prueba alguna para detectar el virus.

Actualmente no existe una cura para el VPH, en ninguna de sus variedades. Sólo pueden tratarse las verrugas y lesiones ocasionadas por éste, así como ayudar al cuerpo a fortalecerse para que controle y eventualmente desaparezca la infección. Esto puede ocurrir en un plazo máximo de 2 años, si se diagnostica y da tratamiento oportuno. De no ser así, el VPH puede resultar en lesiones precancerosas o permanecer latente en el cuerpo, llevando al mismo resultado.

Atrás deben quedar los días en que tener cualquier tipo de enfermedad de transmisión sexual sea considerado como algo vergonzoso, que necesite ser silenciado. O peor aún, considerarlo como algo que sólo le pasa a unos pocos promiscuos, suerte de castigo por una vida licenciosa; algo que a la gente bien no le va a pasar. Son estas actitudes las que año con año incrementan el número de personas infectadas y, a largo plazo, de mujeres tardíamente diagnosticadas con cáncer cervical.

La pregunta es, si a estas mujeres les hubieran advertido del VPH, ¿podría haberse evitado el cáncer?

La respuesta, según la estricta ciencia, es afirmativa. La detección temprana del VPH lleva a justamente a la prevención del cáncer cervical, que es 100% tratable cuando se diagnostica en sus primeras etapas. Pero si ni siquiera se detecta el virus inicial, ¿cómo tratar sus consecuencias?

La mayoría de las mujeres que ahora están infectadas no sabrán que tuvieron VPH hasta que se les diagnostique algún tipo de cáncer de los antes mencionados, posiblemente dentro de 20 o 30 años. Esto, más allá de un gran problema de salud pública, representa un problema cultural. ¿Seguiremos enfermándonos por el pudor de admitir que muy probablemente seamos una de esas ocho mujeres infectadas?

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